sábado, junio 18, 2011

JOSÉ HERNÁNDEZ y la "Poesía Gauchesca"



La Poesía gauchesca, fenómeno literario propio del Río de La Plata, tiene a uno de sus mayores representantes en José Hernández, con su "Martín Fierro".

Este es un poema narrativo argentino, escrito en verso, y es la obra literaria considerada ejemplar del género. Se divide en dos partes: "El Gaucho Martín Fierro" - 1872 y "La vuelta de Martín Fierro"  -  1879.  Es una magnífica y no superada hasta hoy, muestra de literatura folklórica de tema gauchesco. En una carta, Hernández explicó a su hija (Isabel) que bautizó al personaje con el nombre Martín en homenaje a dos personas: su tío (de él) Juan Martín de Pueyrredón y Martín Güemes y le dio el apellido Fierro, por el temple de fierro del gaucho de la pampa.

José Hernández, hombre de ciudad y de gran cultura, con notable actuación como periodista y diputado que se opuso a la política absorbente y centralista de Buenos Aires en perjuicio de las demás provincias y combatió contra el imperialismo en todos sus aspectos, supo escribir este poema interpretando el castellano contentivo de todos los matices propios del habla típica de los gauchos (campesinos) de la Provincia de Buenos Aires de mediados del siglo  XIX.

Fragmento de “Martin Fierro” de José Hernández (con la ortografía original)

Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela,
que el hombre que lo desvela
una pena estrordinaria,
como la ave solitaria,
con el cantar se consuela.

Pido a los santos del cielo
que ayuden mi pensamiento;
les pido en este momento
que voy a cantar mi historia
me refresquen la memoria
y aclaren mi entendimiento.

Vengan santos milagrosos,
vengan todos en mi ayuda,
que la lengua se me añuda
y se me turba la vista;
pido a mi Dios que me asista
en una ocasión tan ruda.

Yo he visto muchos cantores,
con famas bien otenidas,
y que después de alquiridas
no las quieren sustentar:
parece que sin largar
se cansaron en partidas.

Mas ande otro criollo pasa
Martín Fierro ha de pasar;
nada lo hace recular
ni las fantasmas lo espantan;
y dende que todos cantan
yo también quiero cantar.

Cantando me he de morir,
cantando me han de enterrar,
y cantando he de llegar
al pie del Eterno Padre:
dende el vientre de mi madre
vine a este mundo a cantar.

Que no se trabe mi lengua
ni me falte la palabra.
El cantar mi gloria labra,
y poniéndome a cantar,
cantando me han de encontrar
aunque la tierra se abra.

Me siento en el plan de un bajo
a cantar un argumento.
Como si soplara el viento
hago tiritar los pastos.
Con oros, copas y bastos
juega allí mi pensamiento.

Yo no soy cantor letrao,
mas si me pongo a cantar
no tengo cuando acabar
y me envejezco cantando;
las coplas me van brotando
como agua de manantial.

Con la guitarra en la mano
ni las moscas se me arriman;
naides me pone el pie encima,
y cuando el pecho se entona,
hago gemir a la prima
y llorar a la bordona.

Yo soy toro en mi rodeo
y toraso en rodeo ajeno;
siempre me tuve por güeno,
y si me quieren probar,
salgan otros a cantar
y veremos quien menos.

No me hago al lao de la güeya
aunque vengan degollando;
con los blandos yo soy blando
y soy duro con los duros,
y ninguno, en un apuro,
me ha visto andar tutubiando.

En el peligro, ¡qué Cristos!,
el corazón se me enancha
pues toda la tierra es cancha,
y de esto naides se asombre:
el que se tiene por hombre
donde quiera hace pata ancha.

Soy gaucho, y entiendanló
como mi lengua lo explica,
para mí la tierra es chica
y pudiera ser mayor.
Ni la víbora me pica
ni quema mi frente el sol.

Nací como nace el peje,
en el fondo de la mar;
naides me puede quitar
aquello que Dios me dio:
lo que al mundo truge yo
del mundo lo he de llevar.

Mi gloria es vivir tan libre
como el pájaro del cielo;
no hago nido en este suelo,
ande hay tanto que sufrir;
y naides me ha de seguir
cuando yo remonto el vuelo.

Yo no tengo en el amor
quien me venga con querella;
como esas aves tan bellas
que saltan de rama en rama;
yo hago en el trébol mi cama
y me cubren las estrellas.

Y sepan cuantos escuchan
de mis penas el relato,
que nunca peleo ni mato
sino por necesidá,
y que a tanta adversidá
solo me arrojó el mal trato.




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